5 desafíos a tener en cuenta de cara a las Navidades de 2020.

Entrada original publicada en borjacolon.blogspot.com

El año se acaba y es hora de hacer balance de todo nuestro trabajo. Sin embargo, me gustaría que hiciéramos antes entre todos un ejercicio de prospectiva que nos permitiera comprender la importancia de levantar de vez en cuando la cabeza para asomarnos, no ya el 2017 o 2018, sino un poquito más allá en el horizonte, y entender que todo lo que hacemos hoy tiene repercusión directa en ese futuro. En definitiva, que más que mirar a las Navidades de este 2016 vamos a acercarnos por el túnel del tiempo a las Navidades del 2020.


White collar robot substitution by @edans


Estos serán los desafíos en las Navidades de 2020:




1.- Las Administraciones públicas serán totalmente electrónicas o no serán, y esto es algo que nos hemos cansado de repetir desde que entraron en vigor las siamesas (Leyes 39 y 40 de 2015) a principios de octubre de este año 2016, pero la realidad es más tozuda de lo que parece y si llegado el momento dichas Administraciones públicas no han sido capaces de digitalizarse hasta el punto de prestar el cien por cien de sus servicios de forma electrónica, los ciudadanos no van a querer saber nada de ellas, aún a sabiendas de que ello les perjudica, porque no se sentirán en absoluto escuchados por las mismas. Y ése será, sencillamente, el principio del su fin. 





2.- La transparencia se habrá incorporado de forma natural a nuestras culturas organizativas o no habrá rendición de cuentas. Ya hemos visto que las leyes de transparencia tienen un efecto limitado (que se lo digan al País Vasco, verdad Conchi?) así que  el verdadero desafío durante el próximo lustro será indiscutiblemente dejarse de postureos y trabajar intensamente en la cultura organizativa interna de nuestras instituciones para hacer de la transparencia una parte esencial de éstas, al mismo nivel que la simplificación, la eficacia y eficiencia o el irse a almorzar a las 10:30. Corremos el riesgo, además, de desencantar a los nuestros en ese proceso si no les hacemos entender que la transparencia no es un fin en sí misma, sino más bien el camino que nos debe conducir a la rendición de cuentas de todas nuestras acciones y resultados.  

3.- Las instituciones públicas se habrán transformado en todos los sentidos -y no solo digitalmente- para alinearse con las demandas sociales o realmente no habrá participación ciudadana. Para que la sociedad se sienta realmente representada y quiera intervenir en los asuntos públicos debemos trabajar codo con codo con ella rediseñado unos modelos de gobernanza que actualmente no le tienden la mano a ésta, para que hagan que la misma se sienta comprometida con el futuro de lo publico y tienda a valorar los servicios que recibe como si fueran los más valiosos. Solo conseguiremos implicar a la ciudadania haciendo que ésta se sienta parte importante de nuestro modelo de gobierno,  sintiéndose ellos el origen y el fin de todas nuestras acciones. 
4.- Los empleados públicos ya habremos interiorizado esas nuevas APtitudes que nos permitirán relacionarnos con un entorno tremendamente cambiante o, sencillamente, seremos sustituidos por máquinas. Y esto no es una falacia, en absoluto, llegará ese punto en que si no hemos sido capaces de adaptarnos rápidamente y con garantías a un contexto en permanente evolución absolutamente dominado   por la tecnología (IoT, big data, inteligencia artificial, e-learning, etc.) seremos sustituidos lenta pero irremediablemente por máquinas que realicen tareas rutinarias poco complejas y sin valor añadido, hasta  el punto de peligrar también aquéllas reservadas a los trabajadores de  cuello blanco (a la sazón directivos públicos) que no han sabido salir de su zona de confort. 
5.- La innovación pública generará esencialmente valor social como resultado o estaremos hablando más y más de calidad y de mejora continua. Vivimos un momento dorado para la innovación pública, al menos en términos de respaldo institucional, sin embargo se hace muy poca innovación generadora de valor público, en la mediada en que la misma no nos lleva prácticamente a ningún sitio, sino solo a la “innovación por la innovación”, sin apenar obtener reflejo externo sus resultados. Y eso está muy bien, la verdad, pero ya estaba inventado, y se llamaba mejora continua. Lo que verdaderamente debemos potenciar es el cambio asociado a nuevas ideas, que seamos capaces de implementar y que a fin de cuentas tengan un retorno tangible para la sociedad, para los ciudadanos que las reciben.
Este 2016 ha sido un año intento, muy duro diría yo, el primero de una larga etapa en la que las Administraciones por fin se han dado cuenta que algo está cambiando a su alrededor, al menos por lo que a la Admnistración electrónica se refiere. No podemos bajar la guardia los próximos años ahora que hemos cogido el tren que acaba de pasar, pero debemos empezar a repensar el paradigma de “lo público” o llegará el momento en que éste será, como dice Carles Ramió, puramente testimonial. 

¡¡¡FELICES FIESTAS Y PRÓSPERO 2017!!!
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